En las cárceles colombianas violan derechos humanos y la propia constitución.

La cárcel el Pedregal en Medellín, es un solo ejemplo, lo que sucede allí pasa en todas las cárceles colombianas.

Hacinamiento y enfermedades es el pan diario de los presos colombianos.
En la cárcel el Pedregal en Medellín, las condiciones en las que se encuentran los presos son infrahumanas y sus derechos están siendo vulnerados de forma diaria. Los reclusos viven amontonados (para 400 personas solo hay 6 baños) y el hacinamiento es tal que incluso tienen que hacer turnos para poder descansar por las noches.
"En este momento no tenemos ni donde dormir. Comemos al pie de las basuras", denuncia un preso.
Un funcionario que allí trabaja, Felipe Quimbayo, que lleva 3 años trabajando en la prisión, asegura que, contra su voluntad, está violando la constitución del país.
"'Nadie podrá ser sometido a torturas' y los estamos torturando, 'ni a tratos crueles e inhumanos', y esto es cruel e inhumano. Partiendo de ahí, estamos violando nuestra Constitución", dice.
Según Quimbayo, en la cárcel El Pedregal hay más de 70 presos por cada carcelero y la falta de guardias hace que no puedan entrar en muchas zonas de la prisión. Confiesa que cuando se forman trifulcas: "Nos ha tocado incluso gasear, teniendo en cuenta que en estos pabellones también hay personas de la tercera edad. El gas conlleva a alteraciones en el cuerpo y nos ha tocado sacar a gente vomitando, desmayados", revela.
En la cárcel de Riohacha, que es una de las que tiene mayor hacinamiento en el país, hay cupo para cien internos y hoy en el penal viven 547. En cada metro cuadrado hay un preso. Muchos duermen en el suelo, se turnan las hamacas, y el espacio mínimo para movilizarse los mantiene en total estado de inactividad.En esta cárcel solo cuentan con un solo medico para atender a todos los reclusos solo en un turno en la mañana.

Y en la cárcel Judicial de Valledupar, en donde el hacinamiento es del 402 por ciento, lo que la convierte en la segunda con más sobrepoblación en el país, hace unos meses por un brote de varicela dejo más de 45 infectados y estuvieron en riesgo a sus 1.287 presos. Allí hay internos con enfermedades como tuberculosis y VIH que no reciben atención médica adecuada. En este penal la temperatura puede llegar facil a los 40 grados de temperatura y los reclusos solo reciben agua dos veces a la semana.
Además, once funcionarios de esta cárcel han sido investigados por tratos inhumanos y crueles, que van desde aspersión con gas pimienta hasta choques eléctricos.
Otra cárcel con sed es la Villa Inés, de Apartadó (Urabá antioqueño). Además del hacinamiento, los reclusos afirman que no cuentan con el servicio de agua potable, por lo que “se bañan con agua de un pozo de un sistema artesanal y antiguo”.
 La cárcel de Cúcuta, que tiene más de 4.000 presos y un hacinamiento del 60 por ciento.Los presos afirmaron en la tutela que el hacinamiento los mantiene durmiendo en corredores y escaleras, pues aunque las celdas tienen capacidad para cuatro reclusos, en algunos casos albergan hasta diez.

Entre tanto, la tutela, el único mecanismo que les queda a muchos presos para defender sus derechos, según la Defensoría, está perdiendo su efectividad. Este es el caso de la cárcel de Acacías (Meta), en donde los internos han obtenido 250 fallos de tutela amparando sus derechos, pero han tenido que promover más de 151 incidentes de desacato “en razón del incumplimiento permanente de las autoridades”.
La cárcel Modelo de Bucaramanga, que con casi 3.000 presos tiene un hacinamiento del 95 por ciento. Los detenidos denunciaron que además de la sobrepoblación, el edificio tiene más de 50 años, por lo que las “duchas y sanitarios están en un estado deplorable y son insuficientes”. En una inspección judicial, la Corte constató esta realidad, y observó que muchos internos en Bucaramanga están enfermos de cáncer y lepra sin recibir tratamientos adecuados.
Cárceles como La 40 de Pereira, en donde los reclusos denunciaron que solo tenían una ducha para casi 800 presos y tres baños sanitarios, y dos médicos para 1.600 internos, o la de El Pedregal, en Medellín, en donde los presos del patio de hombres no tienen “acceso a luz solar” en ningún momento del día, debido a que la estructura es cerrada.
Y en la Modelo de Bogotá, con más de 5.000 presos y un hacinamiento del 70 por ciento, los detenidos dijeron que debían dormir “en el suelo, sin cobijas y a orillas de los baños o al pie de las basuras”. Además solo hay dos baños y una ducha por cada 246 presos.
La Corte Constitucional, en un fallo del 16 de diciembre del 2015, en el que analizó tutelas de 16 cárceles colombianas, mantuvo la declaración del estado de cosas inconstitucional por la violación de derechos humanos en las prisiones del país. Para la Corte, “la política criminal colombiana se ha caracterizado por ser reactiva, desprovista de una adecuada fundamentación empírica, incoherente, tendiente al endurecimiento punitivo, populista, poco reflexiva frente a los retos del contexto nacional, subordinada a la política de seguridad, volátil y débil”.
Hoy Enero del 2017 y no se ven soluciones.


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